Las personas, unos eres, más, o menos, felices.
Que, lo natural, es que seamos, plenamente felices, mientras dormimos, y que lo artificioso, es que poseamos, una felicidad diminuta, cuando pensamos, la vigilia atroz, del planeta tierra.
Variando, el grado de felicidad, de nuestro pensamiento, ya sea por medio, de una fuerza implosiva (Hacia la felicidad plena), ya sea, por medio, de una fuerza explosiva (Hacia una felicidad, nula), las personas, podemos pensar, potencialmente, a cualquier exterior, de cualquier planeta del cosmos, siempre, según sea, el grado de felicidad, que posea, en cada caso, nuestro pensamiento.
Y variando, esa felicidad, de nuestro pensamiento, las personas, podemos dejar de pensar, al sol, y pensar, en su lugar, a otra estrella, en combustión, diferente, ya sea, más blanda (Felicidad decreciente), ya sea, más dura (felicidad creciente), y de esta manera, las personas, podemos dejar de pensar, a un determinado universo, y pensar, a otro universo, diferente, o de velocidad, lumínica, diferente.
Si variamos, las personas, el grado de felicidad de nuestro pensamiento, las personas, podemos variar, por completo, el contenido del cosmos, que pensamos-observamos, es decir, por ejemplo, podemos, volver oscuridad, a la luz del sol, o podemos, pensar a unos cielos nocturnos, sin ningún punto luminoso, o podemos, dejar de pensar a un animal, y pensar, en su lugar, a otro animal, diferente.
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