El perdón de las ofensas.

El perdón de las ofensas.

Dios-Padre, como deseaba, que, su amigo, Job, se olvidara, de lo que es el mal, para siempre, de una manera justa, se dedicó, desde entonces, a mandarle, a su amigo, Job, una cierta cantidad finita, de males, es decir, se dedicó, a ofender, a su amigo, Job, convirtiéndose, de esa manera, en su redentor, o en su liberador, del mal.
Y por tanto, cuando, Job, quedó libre del mal, para siempre, de una manera justa, no se enfadó, con su Dios-Padre, por haberle ofendido, mandándole, muchos males, sino, que perdonó, a ese Dios-Padre, todas las ofensas, que le había ocasionado.
Y con Jesucristo, pasa, exactamente igual, que, lo que pasó, con Job, pues cuando, Jesucristo, se logró olvidar, para siempre, del mal, por medio, de la justicia, de su crucifixión, pues no se enfadó, con los que le habían crucificado, sino, que los perdonó, totalmente, porque, todas estas personas, que lo habían crucificado, pues, en realidad, lo habían liberado, del mal, para siempre, de una manera justa.
Y por tanto, la persona, que ofende a otra persona, en realidad, esa persona, se dedica, a liberar, del mal, a esa persona, ofendida, por medio, de la justicia de Dios, lo mismo, que Job, y lo mismo, que Jesucristo, y por tanto, merece, un perdón total, por parte, de la persona ofendida.

Javier Rubio Ortín

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