El sueño, la vigilia, y el transcurrir del tiempo.
Cuando, una persona, se duerme, para esa persona, dormida, el tiempo, tiende a dejar, de transcurrir, por completo, en la medida, en la que el sueño, de esa persona, tiende a volverse, plenamente feliz, es decir, en la medida, en la que esa persona, se convierte, en un diamente puro, invisible, a los ojos humanos.
Y cuando, una persona, se despierta a la vigilia, el tiempo, para esa persona, tiende a transcurrir, hacia su velocidad máxima, en la medida, en la que la felicidad, de la vigilia, de esa persona, tienda a volverse, completamente nula, es decir, en la medida, en la que esa persona, se convierte, en hidrógeno, y en fuego.
Javier Rubio Ortín
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