Naves viajeras, por todo el cosmos.
Una persona, es capaz, de viajar, por todos los universos, del cosmos, si la felicidad, de su pensamiento, oscila, entre una, expresión máxima, F (i), y una expresión, mínima, F (f).
F (i) = [Comienzo del cosmos] = [Universo, regido, por un sol, cuya velocidad lumínica, es cero]
F (f) = [Final del cosmos] = [Universo, regido, por un sol, cuya velocidad lumínica, es la máxima]
La felicidad, de esa persona viajera, disminuye, por medio, de una fuerza de separación, asociada, al fuego, la irregularidad, la asimetría, el desorden, o la fealdad, de la nave, en la que viaja, esa persona viajera.
Y la felicidad, de esa persona viajera, se incrementa, por medio, de una fuerza de unión, asociada, a la solidez, regularidad, simetría, orden, o belleza, de la nave, en la que viaja, esa persona viajera.
[Una determinada felicidad, de la persona viajera, comprendida, entre F (i), y F (f)] = [[Felicidad creciente, de esa persona, hasta la máxima] – [Felicidad decreciente, de esa persona, hasta cero]] = [[Belleza de la nave, creciendo, hasta la máxima] – [Belleza de la nave, disminuyendo, hasta la mínima]] = [Un determinado, grado de belleza, de dicha nave, más, o menos, grande] = [Un determinado, universo, con una cierta velocidad lumínica]
Y por tanto, una nave, viajera, por todos los universos, del cosmos, debe de ser, una nave, cuya belleza (Regularidad), pueda variar, entre dos magnitudes, B (Máxima), y B (Mínima).
Y a medida, que la belleza (Regularidad), de la nave, se incrementa, la persona, viajera, viaja, por unos universos, siempre, dentro de su propio pensamiento, cuyas velocidades lumínicas, tienden a ser, nulas.
Y a medida, que, la belleza (Regularidad), de la nave, disminuye, la persona viajera, viaja, por unos universos, siempre, dentro de su propio pensamiento, cuyas velocidades lumínicas, tienden a ser, la máxima.
Y por tanto, esa nave, viaja, por todo el cosmos, a base, de hacerse, invisible, en un universo, de una determinada velocidad lumínica, y visible, en otro universo, diferente, de diferente, velocidad lumínica, es decir, a base, de desaparecer, en un universo, de una determinada, velocidad lumínica, y aparecer, en otro universo, de diferente, velocidad lumínica.
La nave viajera, por tanto, debe de ser, una nave, que posea, una estructura, tendiendo a ser, más bien, bella, regular, simétrica, ordenada, como, por ejemplo, un tetraedro, una pirámide de base cuadrada, un cubo, una esfera, un icosaedro, un octaedro, un dodecaedro, un cilindro, o una nave lenticular, como, por ejemplo, la que emplean, los cosmonautas, ummitas.
Es decir, las naves, con unas estructuras, totalmente asimétricas, feas, desordenadas, o irregulares, nunca, pueden servir, para poder viajar, las personas, por los universos, del cosmos.
Javier Rubio Ortín
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