Dios, no se ha dedicado, nunca, a matar, a las personas.
Pues, como, afirma, la Biblia, la principal, enemiga de Dios, ha sido siempre, la muerte cadavérica, de todas las personas, sus cosmonautas, Hijos, e Hijas, viajeros, libres, por el cielo, y por todo el cosmos.
Dios, por tanto, solo, se ha dedicado siempre, a dormir, muy profundamente, a todas las personas, volver a esas personas, posteriormente, invisibles a los ojos humanos, y de esa manera, transmutar, a todas las personas, habitantes del mundo, en unas personas, jóvenes, de dieciocho años, tripulantes de sus millones de naves.
Javier Rubio Ortín
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