El Padre, abandona, al Hijo.
Jesucristo, el día anterior, a su crucifixión, en el huerto de los olivos, le rezó, al Padre, de esta manera:
“Padre, mañana, tras mi crucifixión, quiero, que ocultes a todos, mi salvación (Invisibilidad), porque, de esa manera, quiero, que mi persona, pase, a la historia conocida, del mundo, por medio, de mis enemigos, los fariseos (Señal de Jonás)”
Y se lo pidió, todo esto, con todas sus fuerzas.
Pero, le oró, también, diciéndole:
“De todas formas, no se haga, mi voluntad, sino, la tuya”.
Y por tanto, como, el Padre, decidió finalmente, que se cumpliera, la voluntad de Jesucristo (La salvación ocultada a todos = Voluntad del Hijo), en lugar, de cumplirse, su propia voluntad (La salvación mostrada a todos, en la cruz = Voluntad del Padre), pues, cuando terminó la crucifixión, de Jesucristo, lo abandonó, en la cruz, para darle, a entender, a ese Hijo, que, no se iba a cumplir, su propia voluntad, de Padre, sino, que se iba a cumplir, la voluntad, de Jesucristo, el Hijo, crucificado.
Javier Rubio Ortín
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