A Dios, hay que pedirle…

A Dios, hay que pedirle….

Unos asuntos, como estos:
El final milagroso, de cualquier enfermedad, humana.
La huida, del interior tenebroso, del planeta tierra, hacia sus millones de naves, ya sea, individual, ya sea, colectiva, o de varias personas, a la vez.
Que, el final, de nuestra redención, sufrida, del mal, se produzca, en una determinada fecha, del calendario.
Los sufrimientos, que queremos sufrir, para redimirnos, y los sufrimientos, que no queremos sufrir, de ningún modo, para redimirnos.
Viajar, hacia un universo, de una determinada, velocidad lumínica, comprendida, entre (0), y (10000).
Vivir, siempre, completamente libres, de enfermar.
Que nos rejuvenezca, a los veinte años.
Que nos duerma, en un 100 %, en una determinada, fecha del calendario.
El no carecer jamás, ni hambre de alimentos, ni de un techo, donde cobijarnos.

Y a Dios, no hay que pedirle, nunca jamás, unos asuntos, como, estos:
Que nos vuelva, multimillonarios, en el mundo.
Y todos aquellos, asuntos, cuyos argumentos, sean, 100 % mundanos.
Nuestras, muertes cadavéricas, porque, Dios, no ha matado, jamás, a ninguna persona.

Javier Rubio Ortín

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