La clemencia de Dios.
Cuando, una persona, va a nacer, en el mundo, Dios, le asigna, a esa persona, previamente, una cierta cantidad de sufrimiento (X), para, su futura, vida mundana, cuyo cumplimiento exacto, por parte, de esa persona, se convertirá, en una justicia perfecta, que libere, a esa persona, del sufrimiento, para siempre.
Y por este motivo, a esa persona, viviendo ya, en el mundo, Dios le manda, su sufrimiento redentor, correspondiente…
Y por tanto, Dios, transitoriamente, se comporta, como, si fuera, un enemigo, de esa persona, hasta que, esa persona, termina de sufrir, su sufrimiento redentor, correspondiente.
Pero, lejos de ser, el enemigo, de esa persona, Dios, es, será, siempre, el amigo perfecto, de esa persona, aborrecedor, por tanto, de todo el mal, que tiene, que sufrir, esa persona, en el mundo, y además, enemigo furibundo, tanto, de sus enfermedades, como, de su muerte cadavérica, potencial.
Y por tanto, Dios, además de dedicarse, a mandarle males redentores, a esa persona, está, y estará siempre, dispuesto, a curarle, todas su enfermedades, a esa persona, y a hacerla habitar, finalmente, en el cielo, sin ningún dolor, de por medio.
Javier Rubio Ortín
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