La maldad humana, y la misericordia, de Dios.
Jesucristo, hace dos mil años:
Ninguna persona, que vive, en el mundo, es buena, pues, solo, Dios, es bueno.
Y por tanto, para Dios, toda persona, que ha habitado, el mundo, y haya sido, cual haya, sido, su grado de maldad, en su vida mundana, a lo largo, de diez mil años, ha sido, siempre, en realidad, un cosmonauta suyo, potencial, viajero, libre, por el cielo, y por el cosmos, digno, de:
1º Liberarse, por completo, del mal, de una manera justa, tras sufrir, en ese mundo, una cierta cantidad, de ese mismo mal.
2º Viajar, al cielo, completamente viva, o sin ninguna enfermedad-dolor, de por medio, por medio, de su desaparición del cosmos.
3º Dejar, de ser, una persona, impura, para volverse, una persona, 100 % pura.
Javier Rubio Ortín
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