Amuletos de la inmortalidad.
Pueden ser, por ejemplo, una cruz, o bien, un tetraedro regular, cuyos lados, por tanto, tienden a ser, completamente iguales, entre sí.
Toda, aquella persona, que posee, uno de estos dos, amuletos, de la inmortalidad (La cruz, o el tetraedro), en lugar de convertirse, en un cadáver, agusanado, finalmente, por medio, del poder de Dios, se debe de volver, inmortal, es decir, se debe de volver, un diamante, totalmente invisible, a los ojos del mundo.
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