Los ídolos del mundo.
No abducen, a las personas, al cielo, a otros planetas del cosmos, y a las naves, de Dios.
No finalizan, la presencia del mal, en la vida humana, jamás.
No vuelven, a las personas, plenamente felices, mientras duermen.
No curan, a absolutamente, todas las enfermedades, humanas.
No conocen, la verdad, que es capaz de volver, libres, a las personas, en el cosmos.
Javier Rubio Ortín
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