Una vida, destruida, por el mundo.

Una vida, destruida, por el mundo.

Es decir, una vida, crucificada, por el mundo.
Es decir, una vida humana, totalmente incapacitada, para vivir, en el interior, del planeta tierra.
Es decir, una vida humana, cuya felicidad, está siempre, muy cerca, a la felicidad, de una persona, agonizante.
Es decir, una persona, cumpliendo, el argumento, del salmo, 88.
Es decir, una vida, dedicada exclusivamente, a corregir, las averías, de las naves de Dios.

Javier Rubio Ortín

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