La única casa, de todas, las personas.
¡¡¡Es el cielo, o nuestra vida onírica, plenamente feliz, vivida, fuera del cosmos!!!
Y por tanto, las personas, en el cosmos, siempre, de paso, siempre trashumantes, siempre viajeras, como, el cosmonauta Abel.
Y por tanto, las personas, debemos, de desaparecer, del cosmos, para poder viajar, a nuestra, única, y verdadera casa, en el cielo.
Y si las personas, habitamos, alguna vez, el interior, de un planeta del cosmos, ese planeta del cosmos, debe de estar aprobado por Dios, previamente, y por tanto, ese planeta del cosmos, no nos debe de causar, ningún sufrimiento.
Javier Rubio Ortín
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