El amor de Dios.
Hacia, sus pobres cosmonautas, viajeros, libres, por el cielo, y por los universos del cosmos, pero extraviados, transitoriamente, en el interior tenebroso, de un planeta, del cosmos, como, el planeta tierra.
Se manifiesta, haciendo desaparecer, y haciendo aparecer, a esos cosmonautas, suyos, en el cosmos, un número ilimitado de veces, hasta volverlos, de esa manera, eternamente jóvenes, para siempre.
Y se manifiesta, también, volviendo, a sus cosmonautas, plenamente felices, mientras duermen.
Le pido a Dios, que cure, a muchas espaldas, enfermas.
Javier Rubio Ortín
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