La gracia de Dios.
Es decir, la sabiduría de Dios.
Es decir, la ciencia, del Espíritu Santo.
Es decir, la ciencia, eterna, inmortal, que poseíamos, absolutamente, todas las personas, antes, de llegar a conocer, esas personas, lo que es el sufrimiento, por medio, del conocimiento, de los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, que nos hacen sufrir.
Y por tanto, la ciencia, eterna, inmortal, que poseeremos, absolutamente, todas las personas, tras olvidarnos, todas las personas, para siempre, de lo que es el sufrimiento.
Javier Rubio Ortín
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