Como, el agua, y el aceite.

Como, el agua, y el aceite.

 

 

 

Así son, la santidad, y la muerte cadavérica, humana.

¡¡¡Unos asuntos, imposible de mezclar, entre sí!!!

Y por tanto, no ha existido, jamás, ninguna persona santa, que haya conocido jamás, a  su muerte cadavérica.

Jesucristo, no murió, en la cruz, sino, que Jesucristo, fue dormido, en dicha cruz, por el poder del Padre, en el reino de los cielos, el cielo, y la eternidad, y por tanto, el soldado, no alanceó, a un cadáver de Jesucristo, sino, que, dicho soldado, alanceó, en realidad, al resto, del cuerpo dormido-salvado, de Jesucristo, que, pocos, después, y cuando, todos lo perdieron de vista, fue vuelto invisible, en el mundo, por el poder de Dios-Padre.

Y por tanto, Jesucristo, no estuvo, enterrado, en una tumba, del mundo, tres días, y tres noches, sino, que, Jesucristo, estuvo escondido, tres días, y tres noches, en el vientre de un gran pez, que fue, el sueño eterno, del reino de los cielos, el cielo, y la eternidad, hasta que al tercer día, Jesucristo, fue despertado, de nuevo, de ese sueño, en el mundo, y se apareció, a sus discípulos.

 

 

 

 

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