Personas muertas, y personas inmortales.
Una persona, muerta, se debe de caracterizar, por poseer, un cadáver suyo, en el mundo.
Y una persona, inmortal, se caracteriza, por carecer, enteramente, de cadáver, en el mundo.
Y por tanto, no es justo, es decir, no está, nada bien, el llamar, personas muertas, a unas personas, inmortales, que, por tanto, carecen, enteramente, de unos cadáveres, suyos, en el mundo.
Javier Rubio Ortín
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