La vejez, y los gases.
Los ancianos, tienden, a oler, mal, porque, la ancianidad, es, la conversión, en gases, de las personas, generada, porque, las felicidades, de esas personas, tienden a volverse, completamente nulas.
Le pido, a mi Dios, que toda persona, que haya completado, el 95 %, de su redención, en lugar, de tender, a envejecerse, y convertirse, en gases, tienda a rejuvenecerse, o convertirse, en un diamante.
Javier Rubio Ortín
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