¡¡¡Dios mío, no me quiero convertir, en un cadáver, jamás….!!!
Eso es, lo más natural, que le puede pedir a Dios, cualquier persona.
Durante, una eternidad, y antes, de que, las personas, conociéramos, el mal, en el planeta tierra, ninguna persona, se convirtió, en un cadáver, jamás, y cuando, todas las personas, nos olvidemos, de ese mal, ninguna persona, se convertirá, en un cadáver, jamás.
Javier Rubio Ortín
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