El aborto.
La enemiga principal, de Dios, ha sido, desde siempre, la muerte cadavérica, potencial, de todas, las personas, en el planeta tierra, desde, las muertes, de los bebés, no nacidos, hasta las muertes, de los ancianos, centenarios.
Y por tanto, no ha existido, en el mundo, jamás, la muerte cadavérica, real, de un solo bebé, no nacido (Aborto), pues, en todos, estos casos, ha intervenido, siempre, el poder protector, de Dios, para librar, de la muerte cadavérica, a ese bebé, no nacido.
Javier Rubio Ortín
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