Las alegrías, y las tristezas, de cualquier, persona.
Las alegrías, de cualquier persona, que habita, el mundo, le sirven, a esa persona, para, no volverse, completamente infeliz, en ese mundo.
Y las tristezas, acumuladas, en la vida, de cualquier persona, que, habita, el mundo, conforman, un sufrimiento redentor, [R], que se convierte, finalmente, en la justicia de Dios, que pone, un punto final, definitivo, a su vida sufrida, en el mundo (Día, de la liberación).
Javier Rubio Ortín
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