La multiplicación, de los panes, y peces.
Fue, simplemente, una cierta, variación, del cosmos, generada, en los pensamientos, más, o menos, felices, de unas personas, por el hipnotizador, Jesucristo.
Y la transmutación, del agua, en vino, lo mismo.
Y la pesca milagrosa, lo mismo.
Y todas curaciones, milagrosas, que realizó, Jesucristo, hace, dos mil años, pues, lo mismo.
Pero, para que, actúe, un hipnotizador, resulta, totalmente imprescindible, que, unas personas, crean, tengan fe, o se dejen, hipnotizar, por el hipnotizador.
Y por tanto, allí, donde, no hay, fe, resulta, totalmente imposible, que, pueda actuar, un hipnotizador.
Javier Rubio Ortín
Be First to Comment