Una persona, enterrada, completamente viva.

Una persona, enterrada, completamente viva.

 

 

 

 

Esa persona, todavía, puede tener, dos destinos, completamente ajenos, entre sí:

1º Convertirse, en un mineral, o dormirse, felizmente, en el reino de los cielos, por medio, de volverse, invisible, en su tumba.

2º Morir, y convertirse, por tanto, en un cadáver, tras sufrir, una cruel agonía.

Y por tanto, aunque, un cristiano, sea enterrado, completamente vivo, gracias a su fe, no pierde, nunca, su esperanza, en el poder salvador de Cristo.

 

 

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