El evangelio, restaurado, y el evangelio, sin restaurar.

El evangelio restaurado, y el evangelio, sin restaurar.

 

 

 

En el evangelio, restaurado, nada, queda sometido, a las tinieblas, u oscuridad, pues todo, resulta, luminoso, claro, racional, comprensible, inteligible, practicable, y por tanto, el evangelio restaurado, es la verdadera luz, que ilumina, a la inteligencia del mundo, y la sal de ese mundo.

En el evangelio, restaurado, está clara, por tanto, la verdadera naturaleza de Dios, la verdadera naturaleza de la creación, la naturaleza del bien, la naturaleza del mal, que es la salvación, que es, la vida eterna, que es, la inmortalidad por medio, del evangelio, que es la redención, que es la resurrección, y por tanto, el evangelio, restaurado, carece por completo, de misterios.

En cambio, en el evangelio, sin restaurar, todo resulta, enigmático, misterioso, tenebroso, irracional, incomprensible, y por tanto, totalmente impracticable.

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