Le pido a mi Dios….
Que, mi persona, no se enferme, jamás, de ninguna enfermedad, es decir, que, mi persona, sea, abducida, al cielo, con una salud, de hierro, y cuando, yo, se lo suplique.
Que, establezca, en muchos lugares, del cosmos, y también, en el planeta tierra, a unas naves, cuyos interiores, sean idénticos, entre sí, de manera, que, todas, las personas, puedan viajar, libremente, por todos, esos lugares, del cosmos, simplemente, refugiándose, en los interiores, de esas naves, o bien, desapareciendo, del interior, de una nave, y apareciendo, en el interior, de otra nave, diferente.
Que, hasta, el final, del mundo, todos, los cielos nocturnos, se dividan, en dos partes, iguales, una de ellas, con puntos luminosos, y la otra, sin puntos.
Javier Rubio Ortín
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