Como, los egipcios, al comienzo del mundo.
Es decir, buscando siempre, el ampararnos, bajo la simetría de las pirámides, para, conservarnos, completamente sanos, y esperando, al mismo tiempo, del poder salvador, del Dios, vivo, y verdadero, nuestras vidas eternas, de cosmonautas, viajeros, libres, por todo el cosmos, por medio, de nuestras, salvaciones-invisibilidades, finales, de nuestros cuerpos físicos, en el mundo.
Y por tanto, así, como, ningún egipcio, dejó jamás, tras de sí, un cadáver suyo, en el planeta tierra, pues, nosotros, tampoco dejaremos, tras nosotros, unos cadáveres nuestros, en el planeta tierra.
Javier Rubio Ortín
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