Por sus frutos, los conoceréis.
Las personas, somos, como, los árboles, y sus frutos, correspondientes.
Los árboles buenos, producen, frutos buenos, como, por ejemplo, la inmortalidad, o vida eterna de los cosmonautas de Dios, la liberación del mal, el amor a la verdad, la verdadera ciencia.
Y en cambio, los árboles malos, solo producen, siempre, una ciencia, completamente errada, la equivocación, el desvarío, la torpeza, y la estupidez.
Javier Rubio Ortín
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