No juzgar a los asuntos mundanos.

No juzgar al mundo.

 

 

 

 

Jesucristo, hace dos mil años, se pasó, toda su vida, sin juzgar, para nada, a los asuntos internos, del mundo, y pensando, solamente, por tanto, en la salvación del mundo, y en en su liberación futura del mal (Redención), por medio, de su crucifixión.

Pues bien, todo seguidor de Jesucristo, debe de imitar, a su maestro, en esta vida, libre de juicios.

 Javier Rubio Ortín

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