Aceptar, o no aceptar, la ciencia del evangelio.
Quien acepta, la ciencia del evangelio, solo, se dedica, al estudio, de la felicidad humana, contemplada, desde unos diferentes ángulos, nada más, y por tanto, para esa persona, no existe, ningún misterio, sino, que, para esa persona, existe, solamente, una felicidad, más, o menos, grande (o bien, una felicidad humana, contemplada, desde el punto de vista, de unos determinados ángulos).
En cambio, para la persona, que no acepta, la ciencia del evangelio, solo existen, infinitos asuntos, misteriosos, totalmente inescrutables, para la inteligencia humana.
Para, la persona, que acepta, la ciencia, del evangelio, cualquier viaje interplanetario, consiste, solamente, en la contemplación, de la felicidad humana, bajo, los puntos de vista, de unos diferentes ángulos.
En cambio, para la persona, que no acepta, la ciencia del evangelio, un viaje interplanetario, supone, el recorrer, tales distancias espaciales, que resulta, algo inviable, para las personas.
Para, la persona, que acepta, la ciencia del evangelio, el tránsito, entre, la nada, y el contenido, es simplemente, la contemplación de la felicidad humana, desde el punto de vista, de un ángulo nulo, a la contemplación, de esa misma felicidad humana, desde el punto de vista, de un ángulo, no nulo.
En cambio, para la persona, que no acepta, la ciencia del evangelio, el tránsito, entre, la nada, y el contenido, es y será siempre, un problema, totalmente insoluble, para la razón humana.
Para la persona, que acepta, la ciencia del evangelio, la Medicina, solo consiste, en una rotación, del ángulo, desde donde contemplamos, a la felicidad humana.
En cambio, para la persona, que no acepta, la ciencia del evangelio, la Medicina, es y será siempre, un asunto, completamente misterioso, y muchas veces, inescrutable, para la razón humana.
Para la persona, que acepta, la ciencia del evangelio, solo existe, un ente, totalmente imaginario, respecto, de la materia-espacio(La felicidad humana), contemplado, potencialmente, desde los puntos de vista, de muchos ángulos, diferentes.
En cambio, para la persona, que no acepta, la ciencia del evangelio, existe, un pensamiento humano, totalmente material, e infinitos misterios, totalmente inescrutables, para esa inteligencia humana, material.
Javier Rubio Ortín
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