El espíritu, los genes, la felicidad, y la infelicidad.
El espíritu, de una persona, es la felicidad, de esa persona, tendiendo a hacerse, la máxima, mientras duerme, esa persona, es decir, el espíritu, de una persona, es la tendencia, de esa persona, a convertirse, en un diamante, invisible, a los ojos humanos, mientras duerme.
Y los genes, de una persona, es la felicidad, de esa persona, tendiendo, a volverse, nula, por completo, mientras, esa persona, está despierta a la vigilia, es decir, los genes, de una persona, es la tendencia, que posee, esa persona, a gasificarse, por completo, y convertirse, por tanto, en un cadáver maloliente.
Persona = [{Espíritu} – {Genes} – {Competición establecida, entre el espíritu, y los genes} = [0]]
Es decir, mientras, el espíritu, de una persona, es su amigo, eterno (o inmortal), en cambio, los genes, de esa persona, son sus enemigos, transitorios, mortales.
Y por tanto, todas las personas, tenemos, un amigo, inmortal, que es, nuestro espíritu, y un enemigo, que, nos odia, a muerte, que son, nuestros genes, que están compitiendo, siempre, entre sí.
Si predomina, nuestro, enemigo, los genes, sobre, nuestro amigo, el espíritu, enfermamos, envejecemos, y morimos.
Pero, si predomina, nuestro amigo, el espíritu, sobre, nuestro enemigo, los genes, nos curamos, de todas las enfermedades, nos rejuvenecemos, y nos volvemos, inmortales.
Javier Rubio Ortín
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