El amor verdadero, a un familiar.
Amar, verdaderamente, a un familiar, es, amar, a ese familiar, vuelto, inmortal, como, Dios, en lugar, de amar a ese familiar, muerto, y enterrado, como, si fuera, un animal, más, del planeta tierra.
Y por tanto, amar, verdaderamente, a un familiar, es, amar, a ese familiar, raptado por Jesucristo, o vuelto, ese familiar, invisible, a nuestros ojos, por medio, del poder salvador, de ese Jesucristo.
Y por tanto, no amar, a ese familiar, de verdad, es amar, a ese familiar, convertido, en un cadáver, como, si fuera, ese familiar, un animal más, del planeta tierra.
Javier Rubio Ortín
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