La resurrección de Jesucristo.

La resurrección de Jesucristo.

 

 

 

La felicidad, de una persona, cualquiera, puede oscilar, libremente, entre su máxima expresión, y una mínima expresión, un número de veces, totalmente ilimitado, y eso significa, por tanto, que esa persona, se puede dormir, o se puede mineralizar, en el sueño eterno, del reino de los cielos, y después, posteriormente, puede despertar, de nuevo, a la vigilia, en forma de un animal, en cualquier lugar del cosmos, un número de veces, totalmente ilimitado.

Es decir, que cualquier persona, puede adoptar, la forma de un mineral, o la forma de un animal, un número de veces, totalmente ilimitado, y de esa manera, cualquier persona, puede contemplar, a cualquier exterior, de cualquier, planeta del cosmos, que lo desee, siempre, desde el interior de una nave de Dios, y ser eterna, o inmortal.

Y por tanto, la persona, de Jesucristo, podía oscilar, entre, su forma mineral (Felicidad máxima), y entre su forma animal (Felicidad mínima), un número de veces, totalmente ilimitado.

Y así, como, Jesucristo, se convirtió, en un mineral (Felicidad máxima), en la cruz, tras su pasión, mediante su salvación, habitando, por tanto, el reino de los cielos, después, posteriormente, por medio, de su resurrección, adoptó, de nuevo, su forma de animal (Felicidad mínima), habitante, del planeta tierra, y de esta manera, se apareció, a todos sus discípulos, en dicho, planeta tierra, y por tanto, todos creyeron, erróneamente, que, Jesucristo, había muerto, y  que, había resucitado, al tercer día.

 

 

Javier Rubio Ortín

 

 

 

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