Una ciencia, proveniente del sueño.
Y por tanto, una ciencia, que, no proviene, de la vigilia humana, de ningún modo.
Y por tanto, una ciencia, que, proviene, de la vida mineral, humana, o del sueño eterno, del reino de los cielos, el cielo, y la eternidad.
Y por tanto, una ciencia, que proviene, de la felicidad máxima, humana.
¡¡¡Así es la ciencia, del evangelio eterno!!!
Es decir, una ciencia, cuyo origen, es una sabiduría humana, plenamente feliz (Ángulo nulo), y que, después, se dedica al estudio, de una sabiduría humana, con un grado de felicidad, inferior a la máxima (Ángulos, no nulos).
Toda persona, que quiera crear, más, y más, ciencia evangélica, debe de buscar, el origen de esa ciencia evangélica, creada, en el argumento de su vida dormida, en lugar de buscar, el origen de esa ciencia, en el argumento, de su vida, despierta a la vigilia.
Javier Rubio Ortín
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