El premio final, al que aspiro.
Es el mismo, premio final, al que aspiraron, Jesucristo, s. Pablo, o s. Pedro, hace dos mil años.
Y es el mismo premio final, que obtuvo, Job, tras su vida sufrida, en el mundo.
Y consiste, ese premio final, en el olvidarme, para siempre, de que existe, el sufrimiento humano, en la creación actual, y por tanto, consiste, ese premio final, en el habitar, mi persona, en una nueva creación, hecha, de un 100 %, de bien, y de un 0 %, de mal, para siempre, o por toda la eternidad.
Y por tanto, mi premio final, consistirá, en huir, mi persona, del planeta tierra, completamente viva, muy pronto, reunirme, en los interiores de las naves de Dios, con todos mis familiares, que ya han, partido, hace tiempo, y acceder después, a una vida eterna de cosmonautas, de Dios (Hijos e Hijas), plenamente felices, siempre, que no saben, ni pueden saber ya, nunca, que es, la influencia, sobre ellos, de los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, como, el interior del planeta tierra.
Javier Rubio Ortín
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