A una persona, le detectan, un cáncer….
¿Qué es, ese cáncer, en realidad?
Pues, una cierta acumulación, de la infelicidad, de esa persona, debida posiblemente, a un disgusto, de esa persona, debida, a un veneno gaseoso, o producida, simplemente, por el envejecimiento acumulado, de esa persona, o lo que, viene a ser, lo mismo, una cierta acumulación, de unos gases, muy explosivos, en esa persona.
¿Cómo, se corregiría ese cáncer, sin dejar, ningún rastro?
Pues, olvidándose, por completo, esa persona, de su cáncer, y siendo, esa persona, extremadamente feliz, tanto, en su vigilia, como, en su vida dormida, durante, un cierto tiempo.
Pero, en cambio, en lugar de suceder, todo esto, esa persona, debido, a la mala noticia, que, le han dado, se hunde en la infelicidad, y por tanto, su cáncer, crece, y crece, sin parar, debido, a que, la infelicidad creciente, de esa persona, se convierte, en más y más gases, explosivos, acumulados, en esa persona.
Y por tanto, si el poder de Dios, no vuelve, a esa persona, plenamente feliz, mientras duerme, es decir, si Dios, no salva, a la vida, de esa persona, de la muerte, volviéndola invisible, a los ojos del mundo, esa persona, acabará siendo, completamente infeliz, tras muchas operaciones quirúrgicas, totalmente inútiles, y por tanto, esa persona, acabará convertida, en un cadáver gaseoso, tras una cruel agonía.
Javier Rubio Ortín
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