Éramos, perfectas, todas las personas….
Hasta, que, los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, nos volvieron, imperfectas…
Éramos, sabias, todas las personas, hasta que, los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, nos volvieron, ignorantes…
Éramos, felices, todas las personas, hasta que, los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, nos volvieron, infelices…
Poseíamos, todas las personas, unas saludes perfectas, hasta que, los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, nos enfermaron, y nos envejecieron.
Éramos, pacíficas, todas las personas, hasta que, los interiores tenebrosos, de los planetas del cosmos, nos volvieron, violentas….
Etc., etc., etc.
Javier Rubio Ortín
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