La lucha, entre la belleza, y la fealdad.
Es decir, la lucha, entre, la felicidad, y la infelicidad.
Es decir, la lucha, entre la vida, y la enfermedad, la vejez, y la muerte cadavérica.
Es decir, la lucha, entre la sangre arterial, y la sangre venosa.
Es decir, la lucha, entre la inspiración pulmonar, y la expiración pulmonar.
Es decir, la lucha, entre la vida onírica, y la vida de vigilia.
Es decir, la lucha, entre la simetría, y la asimetría.
Es decir, la lucha, entre el orden, y el desorden.
Es decir, la lucha, entre el bien, y el mal.
Es decir, la lucha, entre la unión, y la separación.
Es decir, la lucha, entre la quietud, y el movimiento.
Es decir, la lucha, entre el espíritu, y los genes.
Es decir, la lucha, entre, el diamante, invisible a los ojos humanos, y sus correspondientes impurezas, visibles a los ojos físicos.
Es decir, la lucha, entre la mineralización, y la combustión.
Es decir, la lucha, entre el contenido, en partícula, y el contenido, en onda.
Es decir, la lucha, entre el ángulo nulo, y el ángulo máximo, desde donde es contemplada, la sabiduría humana.
Es decir, la lucha, entre el color rojo, y el color verde
Y por tanto, si triunfa, la belleza, sobre la fealdad, la salud, se impone, a la enfermedad, la vejez, y la muerte.
Y por tanto, si la fealdad, se impone, a la belleza, la enfermedad, la vejez, y la muerte, se imponen, sobre la salud.
Javier Rubio Ortín

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