El maestro, y los discípulos…
Si el maestro, Jesucristo, abandonó, el mundo, completamente vivo-sano, sin dejar, por tanto, un cadáver suyo, en ese mundo, sus discípulos, también deben de abandonar, el mundo, sin dejar, unos cadáveres suyos, en ese mundo…
Si el maestro, venció, al mal, es decir, si el maestro, se olvidó de la existencia del mal, para siempre, por medio, de sufrir, previamente, una cierta cantidad de ese mal, los discípulos, lo mismo.
Si el maestro, venció, a todas las enfermedades humanas, sus discípulos, lo mismo.
Si el maestro, resucitó, a los muertos, sus discípulos, lo mismo.
Si el maestro, dentro de su vida mundana, realizó, un viaje, de ida, y vuelta, entre el mundo, y el cielo, sus discípulos, lo mismo.
Si el maestro, fue, un sacerdote, según el orden de Melquisedec, Hijo, eterno, o Hijo, inmortal, de Dios, viajero, libre, por toda la creación, con su única casa, en ese Dios, y por tanto, vivió, unos años, en el mundo, sin ancestros, y sin descendientes, en el interior del planeta tierra, sus discípulos, lo mismo.
Javier Rubio Ortín
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