La bondad (o santidad), de Dios.
Se manifiesta, en el mundo, esa bondad-santidad, de Dios, únicamente, porque, ese Dios, evita, con su poder, el que las personas, se mueran, y se conviertan, por tanto, en unos cadáveres, volviendo, a esas personas, invisibles en ese mundo, y visibles en el cielo, o en el interior de cualquiera, de sus millones de naves.
Es decir, Dios, manifiesta su bondad-santidad, al mundo, de una única manera, posible, que es, volviendo, invisibles, en ese mundo, a las personas, que lo habitan, ya completamente vivas, ya muertas.
Enoc, Elías, Jesucristo, la v. María, y millones, y millones, de personas anónimas, de todo el mundo, a lo largo, de diez mil años, se han gozado, de esta bondad de Dios.
Y con el final del mundo, absolutamente, todas las personas, ya completamente vivas, ya muertas, que habitan, el mundo, se gozarán, de esta bondad de Dios.
Javier Rubio Ortín
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