Cuando, a una persona, se le duermen, los pulmones.
Pues, esa persona, siente, un gran placer, en todo ese proceso, pues, sus pulmones, se mineralizan, más, y más, sometidos a una implosión, hasta quedar convertidos, todos ellos, en diamante, por medio, de una inspiración final, de aire, muy profunda, y muy feliz.
Javier Rubio Ortín
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