Una persona, enterrada viva…
Puede tener, dos destinos, posibles, a saber:
1º Morirse, y convertirse, por tanto, en un cadáver.
2º Dormirse, plácidamente, en el sueño eterno del reino de los cielos, ser raptada por Jesucristo, y convertirse, por tanto, esa persona, en un cosmonauta de Dios, viajero, libre, por todo el cosmos.
Javier Rubio Ortín
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