A medida, que, la felicidad, de una persona, decrece, a cero…
Esa persona, tiende a volverse, 100 % gaseosa, y por tanto, a esa persona, se le va formando, un tumor, que primero, es benigno, y después, se vuelve maligno, y después, tiende a extenderse, más, y más, hasta convertirse, finalmente, todo él, en un cadáver, por medio, de una fuerza de separación.
Pero, si Dios, vuelve, plenamente feliz, a esa persona, mientras duerme, entonces, esa persona, tiende a poseer, 0 % de gases, y por tanto, ese tumor, involuciona, rápidamente, volviéndose primeramente, benigno, y después, una carne, completamente sana, por medio, de una fuerza de unión.
Javier Rubio Ortín
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