Dios, abduce, a unos niños…
Y las autoridades, del mundo, acusan, falsamente, al padre, de esos niños, desaparecidos en el mundo, de haberles, dado muerte, por medio, de sus incineraciones, en una hoguera, y por tanto, condenan, a ese padre, a prisión….
Pero, ese padre, en esa prisión, concluye, felizmente, su redención sufrida, del mal, y después, ese padre, es abducido, por Dios, y por tanto, ese padre, se reúne, de nuevo, con sus hijos, y todos juntos, viven felices, para siempre, visitando, a muchos planetas del cosmos, y viviendo, siempre, en el cielo.
Javier Rubio Ortín
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