El amor, a la sexualidad, obra de Dios.
Es el amor, a la sexualidad humana, 100 % perfecta.
Es decir, es el amor, a la sexualidad humana, que desconoce, por completo, a los interiores tenebrosos, de unos planetas del cosmos, como, el planeta tierra.
Y por tanto, es el amor a la sexualidad humana, que carece, enteramente, de excrementos, y de orines.
Es decir, es el amor, a la sexualidad humana, eternamente joven, que, jamás claudica, y que, jamás, se odia, a sí misma, pasionalmente.
Javier Rubio Ortín
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