El amor a la vida.
Es decir, el amor, a una vida humana, sin cadáveres.
Es decir, el amor, a la vida eterna.
Es decir, el amor, a una vida humana, inmortal.
Es decir, el amor a una vida, nómada, viajera, por el cosmos, que tiene, su única casa, permanente, en la inmortalidad, de Dios.
Es decir, el amor, a Jesucristo.
Si un cristiano, no posee, este amor, entonces, es, un falso cristiano.
Javier Rubio Ortín
Be First to Comment