El Dios, de la Biblia, un Dios, de vivos, y no de muertos…
Y por tanto, el Dios, de la Biblia, el Dios, de unas personas, sin cadáveres, en el cosmos.
Y por tanto, el Dios, de la Biblia, el Dios, de un planeta tierra, sin ningún cadáver, humano, en su interior.
Y por tanto, el Dios, de la Biblia, el Padre, de un Jesucristo, inmortal, o desaparecido, del planeta tierra, en su tumba, tras su crucifixión.
ES decir, el Dios, de la Biblia, el Dios, de unas personas, inmortales.
Javier Rubio Ortín
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