El final de mi redención.
Yo, sufrí, todo el grueso, de mi redención, en toda mi juventud, y en mi adultez, de manera, que mi persona, solo conoció, la cruz, nada más, durante, todos, esos “bellos” años, de mi vida.
Y por tanto, ahora, mi persona, podrá exclamar, muy pronto, con s. Pablo:
“Ya nadie, me cause, más molestias, pues yo, ya he terminado, mi redención (Sufrimientos de Cristo)”
Y por este motivo, le propongo a Dios, cada mes, un día, de ese mes, en el cual, se produzca, ese final, de mi redención.
Y espero, que Dios, me conceda, ese día, muy pronto, y de esa manera, mi persona, se vuelva, eternamente joven, finalmente, sin haber sufrido, jamás, una sola enfermedad, seria.
Javier Rubio Ortín
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