Habitar, las personas, los planetas del cosmos.
La casa, natural, de todas las personas, no es, el interior, de ningún planeta, del cosmos, sino, que, la casa natural, de todas las personas, es, el cielo, y la inmortalidad, de nuestro Dios.
Ahora bien, las personas, podemos habitar, potencialmente, a los interiores, de los planetas, del cosmos, siempre, y cuando, esos interiores, de esos planetas, del cosmos, no nos generen, a las personas, mal, o sufrimiento.
Es decir, Dios, en el libro, del Génesis, nos prohibió, a todas, las personas, el habitar, los interiores, de aquellos, planetas del cosmos, que, nos hicieran, sufrir.
Y por tanto, la estancia, de unas personas, en el interior, de un planeta del cosmos (Nos haga sufrir, o nos haga sufrir, ese planeta), debe de ser, siempre, algo, completamente fugaz, o completamente transitorio.
Javier Rubio Ortín
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