La cruz, el final definitivo, del mal.
Tanto, en la vida, de Jesucristo, como, en cualquier, otra vida humana.
De manera, que, cuando, cualquier persona, del mundo, termina de sufrir, a lo largo, de muchos años, de vida mundana, lo mismo, que Jesucristo (Lo mismo, que, s. Pablo) esa persona, si ese es, su deseo, libre, se olvida, de lo que es el mal, para siempre, o por toda la eternidad, de una manera justa.
Y si esa persona, prefiere, por el contrario, el no olvidarse, del mal, pues, esa persona, continuará sufriendo, más, y más, mal, hasta que, un día, en el futuro, esa persona, cambie de opinión, y opte, por olvidarse, del mal para siempre, de una manera justa.
Y por tanto, aquellas personas, que amen, mucho, al mal, pues, sufrirán, mucho más, que las personas, que amen, el mal, menos.
Javier Rubio Ortín
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