La fe, en una vida humana, sin cadáveres.
Es decir, la verdadera fe, en la persona, de Jesucristo, que no dejó, jamás, un cadáver suyo, en el mundo.
Es decir, la Eucaristía, o el alimentarse, de unos cuerpos inmortales, como, el cuerpo inmortal, de Jesucristo, que, por tanto, jamás sufrirán, ninguna enfermedad, como, por ejemplo, el hambre, o la sed de agua.
Esta fue, la fe, que enseñaron, al mundo, todos los verdaderos apóstoles de Jesucristo, hace dos mil años.
Y esta es la fe, que poseían, los faraones egipcios, los mayas, y todos los pueblos, de la antigüedad.
Es decir, la fe, en las vidas eternas, o vidas inmortales, de unos Hijos de Dios, y de unas Hijas de Dios, viajeros, libres, por todo el cosmos, por medio, de los ovnis, carros de fuego, o nubes bíblicas.
Esta es la fe, que posee, una persona, que espera, que al final, de su estancia en el mundo, el poder de Dios, la dormirá, en el reino de los cielos, y la despertará, dentro de un ovni, carro de fuego, o nube bíblica, tras volver, a su cuerpo físico, invisible, a los ojos del mundo.
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